martes, 29 de noviembre de 2011

10.- Incontrolable

Mi madre me miró fijamente unos instantes. Su expresión era claramente de preocupación al notar que para ella, yo cada vez empeoraba. Finalmente me había decidido a raparme y eso fue suficiente para que todos me mirasen y me preguntasen.
- ¿Qué haces con tu vida, eh?
Para mi padre yo había pasado el límite, pero cuando lo hice, pensaba al mismo tiempo en las consecuencias.
Me precipité a salir por la puerta dejando las palabras a medio terminar en boca de mi padre. Mientras caminaba hacia el bar donde habíamos quedado de nuevo Hans y los demás, noté muchas miradas posarse sobre mí. Todo me delataba. Estaba en el punto de mira, pero mi paso era decidido, y mi expresión dura.

Cuando por fin llegué todos me saludaron, Hans me dio una palmada en la espalda.
- ¿Qué pasa, vividor? .- tristemente me hizo recordar el espectáculo que monté esa noche en la que me tiré a las calles.
>> Ya veo que te has rapado. Ahora mejor, chico.
- Estás genial, Dustin.- decía Anna, con la que ya había entablado una buena relación, y ahora me sonreía ampliamente.
La tarde transcurrió bastante bien. Me había pedido una cerveza, y me trajeron una de marca alemana. En la mesa se hablaba sólo de un tema.
- Están por todos lados, ya no se puede ni subir en el metro. Creo que todo el mundo en el fondo piensa como nosotros, pero no quiere expresarlo por miedo a que la sociedad los rechace.
- Dios, esos putos negros están por todos lados. Hay que hacer algo.
Hans pensaba justamente como yo creía; la violencia estaba presente en todas sus ideas. Respecto a mí, yo permanecía la mayor parte del tiempo en silencio. Anna me miraba fijamente mientras se bebía su cerveza. Sabía cuales eran sus intenciones respecto a mí, y no es que me desagradasen precisamente, aunque sabía que mantenía una relación con uno de los presentes en la mesa.
- Eh, Dustin, mañana te recogeré para ir al gimnasio. Me dijiste que querías ir, ¿no es así?
- Te esperaré en la puerta, así que no tardes.
- Eso está hecho. Necesitas mejorar o parecerás un mierdecillas. - dijo riéndose.

Cuando salí del bar, pasó lo que yo había estando esperando todo este tiempo y lo que a la vez deseaba con todas mis fuerzas que no ocurriese. Artur, ''amigo'' conocido por casualidad, y por desgracia también comunista, me miraba apoyado en la pared de mi casa, esperándome. Llegué sin pronunciar palabra. Nuestras miradas se encontraron. Apenas había luz, pues ya había oscurecido. Sin embargo, me miró de arriba a abajo. Vio mis botas, mis tirantes, mi chaqueta, la insignia que había en ella; vio mi pelo rapado, mi mirada furiosa, mi expresión dura.
Antes de que me diese cuenta, me había agarrado de la chaqueta y me había acercado violentamente hacia su cara.
-¡¿Que estás haciendo, eh?!
Le agarré las manos y bruscamente las aparté mi chaqueta.
- No me toques.
Con una fuerza incontrolable lo empujé bruscamente contra un árbol que estaba al lado de mi puerta. Respiraba con fuerza.
- ¿A caso sabes en lo que te estás metiendo?
Esas fueron sus últimas palabras. Mientras se iba precipitadamente, se giró y me miró por última vez.

1 comentario:

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