sábado, 2 de octubre de 2010

9.- Miradas

Hoy era sábado. Llovía intensamente. Aún así quería salir de mi casa. Busqué el número de teléfono de Hans y lo llamé. Me habló de ir a un bar cerca de su casa. Al principio desconfié, pero fui optimista y le dije que iría. Yo no sabía dónde estaba el bar, ni si quiera me acordaba de donde estaba su casa, así que vino a recogerme a mi casa.
Me vestí con mis botas Dr Martens, también con mi cazadora negra. A pesar de que hace tiempo que dije que me raparía, todavía no lo he hecho. No sabía si hacerlo o no. Decidí preguntarle a Hans su opinión más tarde.
Cuando se hizo la hora, miré por la ventana y vi el coche de Hans. Me asombré por su extrema puntualidad y salí afuera a paso ligero. Entré en su feo coche y me saludó amistosamente. Durante el trayecto hablamos sobre política y algunas tonterías sin importancia.

Por fin llegamos al bar. Por dentro, casi todo era de madera. Nos sentamos en una mesa llena de gente vestida de skinhead, riéndose y hablando con un elevado tono de voz. Hans me presentó a todos los miembros reunidos alrededor de aquella mesa. A partir de ahora, yo estaba en su grupo, y ya no había vuelta a atrás. Sencillamente, me alegré. Me alegré de pertenecer a un grupo de personas, que además, pensaban igual que yo.
Estuve allí un rato, charlando y riendo tranquilamente. Entablé amistad con una chica llamada Anna.
Yo no me consideraba muy extrovertido, sino todo lo contrario. Pero, respecto a Anna, creo que me resultó fácil hacerme amigo suyo.
Estuve toda la tarde y parte de la noche allí. Llegué a las diez y media a mi casa. Me despedí enérgicamente de Hans. En casa, mi madre se preocupaba demasiado por mí. Le dije que no pasaba nada y le sonreí. Se quedó realmente extrañada y no pronunció palabra.
Subí a mi habitación y abrí mi correo, esperando que Adler Artmann me hubiese contestado. Sonreí de nuevo al ver que, efectivamente, me había contestado:
 Dustin, cuánto tiempo. Sencillamente no sé que decirte. Te diría que todo sigue igual por aquí, pero no es cierto. Ciertas tensiones se han instalado en nuestro grupo de camaradas, y no sé muy bien como resolverlo. Sencillamente siento que este es el final. Lo sé. Es una mala noticia. No es definitiva pero es lo más seguro. Tú no tienes nada que ver. Todos, por separado, y todos, juntos, te seguimos apreciando. He odiado decir esta frase tan sentimental, pero creo que es importante que te lo diga. Sería genial que vinieses por vacaciones. Te seguiré escribiendo en cuanto haya alguna novedad.
atte. Adler Artmann

Me quedé algo impresionado. No me lo había podido imaginar. Todo era demasiado radical para mí: cambio de camaradas, cambio de casa, cambio de país... Ahora sabía que las cosas cambiaban. Y podían cambiar bruscamente. Empezaba a asimilar la situación de que había perdido a mi grupo de amigos de toda mi vida. Ya no estábamos todos juntos, ahora íbamos por separado.
Me miré en el espejo del baño. ¿Por qué había tanto silencio? Parecía como si no hubiese nadie en la casa. Miré mis ojos azules. Intenté ver más allá de ellos. Y sólo vi tristeza.