sábado, 11 de septiembre de 2010

8. Para Adler Artmann

Antes de escribirle un e-mail a Adler, estuve sentado un buen rato delante del ordenador pensando que le diría. Finalmente, al no obtener nada con claridad, me decidí a empezar a escribir.

Camarada Adler,
finalmente he decidido escribirte. Amsterdam es bonita, pero no tanto como Dresden. Mi familia y yo estamos montando nuestra librería y vivimos en una casa cerca del centro de esta ciudad. He conocido a varias personas, aunque todavía son simplemente conocidos. Sin querer queriendo conocí a unos supuestos comunistas, aunque prefiero no contar la historia. Por suerte no saben casi nada sobre mí. 
Sé que odias que la gente se ponga dramática y/o sentimental, pero tengo que decirte que echo mucho de menos Dresden y a todos vosotros. De hecho, estoy deseando volver. Quizás pueda ir estas vacaciones de navidad. Dentro de poco empezaré el instituto aquí. Me gustaría saber que tal os va por allí y cuáles son las novedades.
atte. Dustin 
Me faltaron muchas cosas por decirle, pero quería que todo estuviese bien, y sin cosas raras de por medio.
Después de comer, fui a la tienda a ayudar a mis padres. Teníamos que descargar los muebles. Estuve casi toda la tarde allí descargando y colocando. Hoy hacía mucho viento y estaba nublado, así que no había demasiada gente por la calle. Mi padre me lanzaba miradas furtivas. Supuse que lo hacía porque todavía seguía pensando en mi ''escapada nocturna''. Siempre que me aburro, estoy pensando en algo. Esta vez pensaba en la terrible tragedia que ocurrió en mi casa con Edda. Decidí dejarla en paz, por muy mal que yo estuviese respecto a ese tema. Estaba claro que no quería ser mi amiga, y mucho menos algo más. La voz de mi madre interrumpió mis pensamientos.
- Dustin, ¿qué haces ahí sentado? Todavía hay mucho que hacer.
Efectivamente me había sentado en la escalera. No tenía muchas ganas de seguir trabajando, pero me levanté y seguí con el trabajo. El resultado fue: estanterías, la caja, que por el momento era una especie de mesa que iba desde el lado de la escalera hasta casi el otro lado de la tienda y que tenía cristales expositores por la parte delantera, y poco más. 

Me dijeron que podía irme ya si quería, así que me fui a mi casa andando. Mientras caminaba, pensé en apuntarme al gimnasio y también en cómo serían las clases. Pero algo hizo que dejase de pensar; era Edda. Me vio de lejos y se quedó parada. Estaba entrando a su casa por lo que parecía. Seguí andando dispuesto a saludarla y nada más, pero cuando pasé por su lado me detuvo cogiéndome del brazo.
- Dustin, espera.
Permanecí esperando a que dijese algo.
- He pensado sobre el tema, y creo que, exageré la situación.
Me miraba seriamente. Sólo espero que lo hubiese dicho de verdad.
- Era lo que me esperaba.
- Lo siento de veras. 
- Está bien, no importa. Es mejor olvidarlo...
- ¿De dónde vienes? - me dijo mirando hacia el camino que había recorrido.
- De mi librería.
- ¿Tienes una librería?
- Bueno, aún no está abierta, pero sí.
- Es genial... me la tendrás que enseñar cuando la abras.
- Claro...
Nos despedimos y seguí caminando hacia mi casa, pero ahora pensaba en la conversación con Edda. Todavía no la creía del todo, no creía que pudiese haber dicho eso. Pero me sentí algo mejor.

Eran aproximadamente las ocho y media de la noche en Ámsterdam. El viento soplaba fuertemente, oscurecia y parecía que llovería. El verano se iba y todos lo notabamos, incluso Legan, que miraba por la ventana con una expresión aburrida. Tenía una sensación de que todo saldría bien, algo que era raro en mí, pero la tenía.
A la hora de la cena les hablé a mis padres sobre Navidad.
- ¿Volveremos a Dresden por Navidad?
- Aún no lo sabemos, Dustin - contestó mi padre mientras engullía un trozo de salmón a la plancha.
- Me gustaría mucho volver. Quiero ver a mis amigos, aunque sea podríamos ir 3 días o yo que sé.
- Intentaremos ir. Ahora deberías informarte sobre los horarios del instituto, libros, y todas esas cosas.
- Sí, supongo que iré mañana.

Mi intento por volver a Dresden se quedó en un ''quizás''. Pero ese ''quizás'' no era ''no''. Es decir, tenía posibilidades. Tenía todas mis esperanzas puestas en volver.
 Mañana llamaría a Edda para preguntarle sobre el instituto. La idea del instituto me aterraba algo, pero intenté no pensar en lo malo.
Me tumbé en la cama y recordé los viejos tiempos. Constantemente aparecían recuerdos de tiempos pasados . Últimamente siempre me pasaba. Aún sentía vergüenza por lo que me pasó la otra noche. Me había emborrachado y tirado a las calles como un idiota. ¿Qué diría Adler?, ¿qué diría de mí? Ni si quiera quise imaginarlo. Adler no bebía alcohol, siempre estaba en contra de él, también de las drogas y el tabaco. No podía hablarle nunca de lo ocurrido. Sumergido en mis pensamientos, poco a poco iba cerrando los ojos...

jueves, 2 de septiembre de 2010

7. Hans

En mis sueños, Adler me llamaba intensamente, recordándome que él seguía estando allí, en mi mente, en mis recuerdos. Numerosas veces había soñado con él, mi mejor amigo. Podía observar con nitidez su mirada melancólica.
Esa noche, la noche que me abandoné a las calles, mis sueños no fueron una excepción, y Adler no faltó a su cita con mi mundo. Pero, esta vez, algo había cambiado en él. Me agarraba de la mano con fuerza, intentando que yo no cayese al vacío.
Por la mañana, desperté en un callejón, rodeado de gente que discutía sobre algo que yo no llegaba a entender con claridad, sucio y con algunas botellas alrededor de mí. Me llevaban a algún sitio y yo no comprendía nada. Al cabo de unos minutos, me encontraba con la cabeza en la bañera de una casa o un piso, tampoco lo sabía. Me echaron agua por la cabeza y me pusieron en un sofá.
Después de aproximadamente dos horas durmiendo, abrí los ojos y me encontré con la bandera de las Waffen-SS sobre la pared pintada de blanco. Sentí un gran alivio, pero aún así, no me terminaba de fiar del todo. No conocía a esa gente, aunque el hecho de que hubiesen llevado a su casa a un desconocido borracho decía algo de ellos.
Yo tosía mientras me incorporaba cuando un hombre muy alto apareció como de repente en la puerta.
- Así que te has despertado ya, ¿eh?
>> Menos mal que la suerte ha jugado a tu favor y te hemos encontrado nosotros, la cosa podía haber sido un desastre total. No es muy buena idea por tu parte que te pasees borracho por ahí con una cazadora del partido. ¿Por quién pasas?
- Eh, sí... Dustin.
- Yo soy Hans. ¿Eres alemán?
- Sí...
- Se nota.
Mientras lo observaba, se encendía un cigarrillo tranquilamente.
- Oye, chico, ¿cuántos años tienes?
- He cumplido dieciséis este verano.
Se rió sonoramente mientras me observaba.
- ¿No crees que es una edad un poco temprana para emborracharse de esa manera?
- Yo... sí... Bueno, creo que debería de irme.
- Oye, antes de que te vayas. Si necesitas algo, o quieres venirte algún día con nosotros llámame a este número. Hay más chavales de tu edad, seguramente te llevarás bien con ellos.
Me dio una nota escrita en un papel de libreta.
Yo ya estaba andando hacia la puerta mientras miraba el papel.
- Oye, espera, ¿no crees que debería llevarte en coche mejor? ¿Eres nuevo en la ciudad?
- Sí...
Yo todavía me encontraba en un estado de confusión.
- Entonces te llevaré, te podrías perder.
Subimos a su coche, no muy bonito por cierto. Le dije la calle donde vivía.
Mientras íbamos hacia mi casa, pensé en lo bueno que había sido que me encontrase con Hans. Simplemente porque me había dado cuenta de que estabamos tardando media hora en llegar y me hubiese perdido. Bueno, además, ya conocía a alguien de interés en la ciudad. Permanecíamos en silencio todo el camino, hasta que empezó él a hablar.
- Por si te interesa, tengo veinte años.
Ciertamente, no le había preguntado su edad.
Su cabello rubio oscuro brillaba con el sol que entraba por la ventana del coche. Fuera, hacía viento.
- ¿Qué es lo que soléis hacer? -pregunté de repente.
- Hmm... Bueno, normalmente vamos a un bar cerca de mi casa. Hablamos, bebemos... en fin, supongo que eso a ti te va, ¿no? - y lo remató con una sonora carcajada.
- ¿Puedo preguntar a qué te dedicas?
- Aunque no te lo puedas creer, estudio en la universidad.
Por fin podía divisar mi casa a lo lejos.
- Gracias por haberte molestado en todo esto.
- No hay de qué, chico. ¿Es aquí? - preguntó mientras paraba en mi barrio.
- Sí, sí. En fin, muchas gracias. Si hay algún favor que pudiese hacerte, no dudes en decírmelo.
Le apunté mi número en su móvil y andé hasta mi casa. Eran aproximadamente las once de la mañana. Cuando entré, todos me esperaban desesperados en la entrada, incluso Legan.
Se abalanzaron hacia mí, preguntándome que me había pasado, si estaba bien.
Les conté que me había quedado dormido en casa de un amigo. Tuve que inventarme una historia totalmente falsa. Me creyeron a medias, porque apestaba a alcohol. Después empezaron a expresar lo decepcionados que estaban conmigo, porque ni si quiera los avisé.
Después de una hora hablando sobre el tema, subí a mi cuarto, abrí mi correo en el ordenador, y me dispuse a escribirle a Adler.