domingo, 8 de agosto de 2010

6. - Paréntesis -

Una visita inesperada. Mi corazón latiendo demasiado rápido. Nervios.
Increíblemente, Edda había venido a mi casa y me esperaba en el salón. Mi madre me había avisado simplemente diciendome que había una chica en salón. Obviamente, sólo podía ser Edda, ya que no conocía a ninguna chica más. Ahora, vale, hay varias cosas que no entiendo...
¿Cómo ha sabido que vivo aquí? y, ¿por qué ha venido?.
Bajé lentamente las escaleras, pensativo. Estaba de espaldas, sentada en el sofá. Hacía un bonito día de verano. Todo parecía en calma, como si los problemas no existiesen.
- ¿Edda?... Hola, ¿qué tal?
Se giró y me miró con una sonrisa en la cara.
- Hola, Dustin.
Yo no sabía qué hacer, así que me senté en el sofá también.
- Bueno, ¿cómo has sabido que vivía aquí?
- Te vi entrando ayer y bueno... quería venir a verte y a hablar un rato... si quieres me voy. Quizás estabas haciendo cosas y te he molestado.
- No, no, en absoluto.
Eran aproximadamente las doce y media de la mañana, y nosotros nos mirábamos. ¿Qué otra cosa podía hacer? Me gusta, lo admito.
- ¿Quieres quedarte a comer? Mis padres se han ido ya, y bueno... creo que cocino bien.
- Está bien, siempre que no te moleste.

Alrededor de las dos de la mañana, me encontraba cocinando un pollo en el horno y preparando una ensalada, con un divertido gorro de cocinero en la cabeza por petición de Edda.
¿Qué me estaba pasando? Me sentía tan extraño.
Edda me hablaba sobre todo: cine, arte, su vida, música, política.
Cuando había un pequeño paréntesis, me paraba a pensar, como había podido ocurrir esto. ¿Por qué una persona que conocía de casi nada se quedaba de repente a comer a mi casa y me hablaba como si fuesemos amigos de toda la vida?
Creo que es algo inexplicable. Me gustaría saber si a ella le gusto yo. Pero, ¿qué diría yo, cuándo ella me preguntase mi opinión a cerca de algunos temas? ¿Mentir? ¿Por qué debería mentir?.
Decidí que cuando llegase el momento, le diría la verdad. ¿Y si todo terminaba mal, pero y si todo terminaba bien?
Opté por la opción de terminar mal para no hacerme ilusiones.

Os juro que no sé como terminamos en el sofá haciéndonos cosquillas, pero, ¡pasó!. Cuando terminamos de comer, nos sentamos en el sofá y de repente se puso a hacerme cosquillas, y yo... yo... ¡me reí como un niño pequeño!, ¡sí!, Exactamente.
Debía de acabar con esto YA. Tenía que saber la verdad. No era justo.
- Edda, espera... yo... tengo que decirte algo. Tienes que saber como soy de verdad.
- ¿Qué quieres decir?
- Deberías subir a ver mi habitación.
- ¿Y por qué no me lo dices?
- Porque... no puedo.
Así que, subió a ver mi habitación. Yo estaba sudando. Me miré en el espejo del baño. Tenía cara de circunstancia. No sabía ni qué hacer. No entendía nada. Me fui de nuevo al sofá. Pasaron unos interminables seis minutos aproximadamente.
Bajó y me miró. Entonces me dijo adiós y cerró la puerta.
Ya está, ya lo había hecho. Todo había salido mal. Las pocas esperanzas que tenía, ya no existían. Habían sido reemplazadas por un sentimiento de tristeza único.
Por la noche, harto de mi vida y harto de todas las cosas, cogí una botella de alcohol y me abandoné a las calles.
Esa noche, todo me daba exactamente igual.