jueves, 15 de julio de 2010

5. Blanco

En la tienda se podía oler un perfume a cosas viejas en general, y existía una abundante masa de polvo. Todos observamos detalladamente la que sería nuestra futura librería. Ésta se situaba dos calles más abajo de nuestra casa, y estaba cerca del centro de la ciudad. Tenía un tamaño medio. Ahora mismo, era simplemente eso, suciedad y nada más, pero pronto la transformariamos. Bien, al comienzo de mi historia, os preguntariaís(o tal vez no) de qué maldito trabajo vivíamos toda la familia. He aquí la respuesta. Una librería. Sí... ¿qué esperabais?, ¿que mi padre o mi madre fuesen ejecutivos de traje y ganasen seis cifras al año? Lo siento, pero no. Esta historia es más pobre de lo que pensabais.
Enseguida nos pusimos a trabajar. Yo pintaba. Vestía unos pantalones por las rodillas y una camiseta de tirantas, junto con unos guantes para pintar. Vestiríamos las paredes de un marrón muy claro, rozando el beige. El suelo era de madera. En el fondo norte de la habitación se situaba una escalera de caracol y ésta era de metal. Casi no tenía color ya, pero se podía adivinar que antes había estado pintada de blanca. También sería su nuevo color. En la planta de arriba no había prácticamente nada, ni si quiera una habitación. Solamente habian dos filas, una a cada lado, que usariamos para colocar estanterías con libros o algún otro material. Mientras pintaba, en la radio sonaba la famosa composición de Mozart: Rondo Alla Turca. Empezé a sentirme extraño. Ni triste, ni feliz, ni nada, simplemente extraño. Mi mente estaba en blanco y mi mano pintaba maquinalmente. Mi padre y mi madre pintaban la planta de arriba mientras hablaban sobre algunas cosas que yo no llegaba a escuchar con claridad.Yo pensaba en las cosas que me habían ocurrido en las últimas semanas. Recordaba la hoz y el martillo tatuados en la muñeca de aquel chico. También seguía acordandome de Edda, aunque ella no se acordase de mí. Decidí no volver a encontrarme con Artur e intentar buscar a Edda.
Ya era casi de noche en Ámsterdam y yo estaba sentado en los asientos traseros de nuestro coche de vuelta a mi casa. Estaba totalmente agotado de mente y cuerpo y solamente pensaba en dormir y dormir. Miré por la ventanilla vagamente, y de lejos pude divisar las luces del Keizersgracht. No había ningún ruido, todo estaba en silencio, y las luces de las farolas pasaban rápidas ante mí. Me pregunté si mi vida pasaría así de rápido. Recordé las palabras de mi primo... ''Un día te darás cuenta de que siempre has estado equivocado''. Me prestó la asquerosa película de American History X y me dijo que lo importante era la conclusión que decía al final... Sí, aún puedo recordarlo ... ''Mi conclusión... pues mi conclusión es que el odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No merece la pena.''

2 comentarios:

  1. There is nothing that gets me on my last nerve that when someone is disrespectful with me, there is a fine line between jokes and being rude, unfortunately some guys are not smart enough to realize the difference. But after that they are just KIDS, 23-year-old kids.
    -_-

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado la detallada descripción, así como el nombre de Edda. No sé por qué, pero el último párrafo lo podría haber escrito perfectamente yo, porque yo también detesto la película y a mi primo también le encanta.

    Un besito muy fuerte.

    ResponderEliminar