viernes, 14 de mayo de 2010

2. Dieciséis veranos

Podría decir que era una mañana cualquiera de agosto, pero lo era y a la vez no lo era. Lo era porque para el resto del mundo era una mañana cualquiera, pero para mí era mi cumpleaños.
Me acababa de despertar y me dispuse a levantarme de la cama como siempre, pero, cuando me estaba levantando vi un perro en mi cuarto. Cerré los ojos y los volví a abrir por si me estaba volviendo loco. Pero seguía allí. Era un gran danés negro sentado elegantemente.
Estoy de pie y miro a mi alrededor. Me acerco al gran danés y le acaricio la cabeza. No hay respuesta. Después como de repente, entran mi madre y mi padre haciendo un alboroto y gritandome ''felicidades''.
-¿Qué te parece? - dice mi madre mirando al elegante perro.
- Creo que será un buen camarada...
Mi padre mira al perro y después a mí.
-¿Qué nombre le piensas poner?
Permanezco unos instantes mirándolo y finalmente digo:
- Creo que lo llamaré... Legan...
Obviamente, era un nombre estúpido, pero no se me ocurrió otro.
Después de comer, me dormí con Legan en el sofá como si fuesemos camaradas de toda la vida. Y más tarde, más o menos a las cinco de la tarde, salimos a pasear.
Me miré en el espejo haciendo todo tipo de gestos estúpidos y me peiné mi pelo rubio. Estaba pensando en raparme, pero aún no estaba del todo decidido.
Salgo de mi casa con Legan y vamos paseando tranquilamente por una calle llena de casas. Veo a una chica en un banco en frente de una casa llorando y me paro. No sabía qué hacer. ¿Voy y le pregunto qué le pasa? ¿Pensará que soy un entrometido? ¿Paso de largo? Finalmente sigo adelante y decido preguntarle. Me paro en frente de ella.
-Hola...
Me mira como preguntandose quién soy yo.
- Yo... ¿qué te pasa? ¿estás bien? - realmente estaba un poco nervioso.
- No, no es nada.. es una tontería...- se seca las lágrimas con un pañuelo o algo así - ¿quién eres?
- Me llamo Dustin y él Legan ¿Y tú?
Se ríe y dice:
- Edda. ¿Eres alemán?
- Sí. Vine ayer.
Finalmente me siento yo también en el banco y nos quedamos charlando un rato. Mientras estamos hablando, me fijo en sus rasgos. Tenía unos bonitos ojos azules y el pelo largo y castaño. Pero, de repente me asalta una duda. ¿Y sí descubre lo que soy? ¿Qué hará?
Le digo que me tengo que ir huyendo del problema por si la conversación iba a más. Ya es de noche pero no sé qué hora. Me sigo paseando pensando. De repente me siento triste. Me siento triste por tener que huir de ese modo por lo que soy. Me siento en un banco medio roto apartado de la humanidad. Canto en mi cabeza la canción de Erika, porque tampoco la puedo cantar en voz alta. Legan, que había estado aguantandome toda la tarde me mira fijamente. Me pregunto que pensaría Legan de mí si pudiese pensar más. Cierro los ojos. Ya no estoy en Amsterdam, ahora estoy en Dresden. Estoy en nuestro lugar de reunión, un lugar apartado de la humanidad, la casa en las afueras de mi camarada Adler. Estamos cantando la canción de Erika. Después estoy en otro sitio. Estoy en mi hogar. Me rio como un loco al ver desde mi ventana como un borracho grita en medio de la calle cosas sin sentido.
Y ahora en la realidad actual, abro los ojos al escuchar un ruido cerca mía. Pienso que da igual y me voy triste a mi casa con Legan, mi humilde y único camarada ahora. Lo que me han regalado para mi cumpleaños es simplemente nostalgia.

1 comentario:

  1. Más triste que te regalen nostalgia el día de tu cumpleaños.. !

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